Pero ahora el viento sopla. Y está llegando la frescura. Y las calles se tiñen de ese marrón/rojizo, amarillento que tanto me gusta.
Y las hojas caen al compás de la brisa que simpáticamente las empuja, y las despega de su hogar anual.
Mis huellas tienen el sonido de hojitas que me acompañan y musicalizan a cada paso que doy. Como si fuera una alfombra de colores, un tapete mágico por donde puedo deslizarme.
En la plaza se siente la paz de la desnudez.
Los árboles se elevan con sus brazos en plegaria a este cielo grisáceo que los sabe comprender, sin ese manto verde que los cubría.
Las bufandas y los abrigos de a poco irán tomando presencia.
El frío me llena el alma.
Los días se vuelven un poco más claros (Para mí).
Ya no me molestan tanto.
Al fin..
Llegó el Otoño. Llegó con su magia para barrer un poco el polvo que va dejando el verano.
Llegó para sanar algunas heridas.
Llegó...y espero que para quedarse. Un buen tiempo.
