La soledad ya no me gusta como antes. La sensación.
Antes yo la fabricaba, como escudo de protección para que nadie pudiera volver a hacerme daño. Y sentía que me perdía muchas cosas, por no dejarme querer.
Pero no tengo termino medio.
Cuando saqué esa coraza todo lo que tenía adentro se expandió. Fue demasiado pronto, y no guardé ni un poco adentro. Fue como si todo eso que tenía ganas de sentir, de expresar, de percibir; de liberara después de años de encarcelamiento.
Ahora extraño un poco la soledad, la sensación de indiferencia que podía experimentar, y que hacía que ciertas situaciones, como algunas que me pasan ahora, no me molestaran tanto.
En el proceso de liberar todo lo que tenía, me olvidé de reservar algo. Mal movimiento. Ahora siento el dolor de haber dado tanto, y ser de los que esperan recibir algo a cambio...porque no me quedé con ningún restito.
Se siente feo esto...de que mis sentimientos siguen estáticos, mientras las personas a mi alrededor van cambiando. No sé por qué, pero hace que me sienta doblemente sola.
26.11.09
24.11.09
Time
Es increible como el tiempo pasa, y las personas se van quedando como granos gruesos de arena en un filtro.
Todavía a veces lo pienso y me sorprende, un poco me apena. No es una pena insoportable, de esas de las que habré tenido varias. Es más bien algo para exclamar "pucha, que pena".
Siempre me consideré una persona afortunada de las amistades que fui cosechando. En sus momentos, muchas fueron realmente extraordinarias, y me dejaron más que recuerdos llenos de risas y pelotudeces. Y luego llegaron otras también geniales, y así, cada una su momento y en una determinada época de mi vida me fueron llenando los días con compañía.
La mayoría de las amistades que nos llenan en un período especial de nuestras vidas, no duran mucho más que eso. A lo sumo siguen estando porque la comunicación no se corta, pero dejan de ser tan "adictivas". No lo veo mal, creo que es el curso natural de las cosas, como debe darse.
No dejo de pensar en el filtro. En una época no quise creer en él, y quería prometerme a mi misma que esas cosas no iban a pasar, que mis amigos siempre iban a estar.
Pero un día el filtro entra a tu casa, y sin tocar a la puerta.
Es así.
Todavía a veces lo pienso y me sorprende, un poco me apena. No es una pena insoportable, de esas de las que habré tenido varias. Es más bien algo para exclamar "pucha, que pena".
Siempre me consideré una persona afortunada de las amistades que fui cosechando. En sus momentos, muchas fueron realmente extraordinarias, y me dejaron más que recuerdos llenos de risas y pelotudeces. Y luego llegaron otras también geniales, y así, cada una su momento y en una determinada época de mi vida me fueron llenando los días con compañía.
La mayoría de las amistades que nos llenan en un período especial de nuestras vidas, no duran mucho más que eso. A lo sumo siguen estando porque la comunicación no se corta, pero dejan de ser tan "adictivas". No lo veo mal, creo que es el curso natural de las cosas, como debe darse.
No dejo de pensar en el filtro. En una época no quise creer en él, y quería prometerme a mi misma que esas cosas no iban a pasar, que mis amigos siempre iban a estar.
Pero un día el filtro entra a tu casa, y sin tocar a la puerta.
Es así.
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