3.10.11

Es muy difícil esto de despertarse y no verla alrededor. Siento como que un sentimiento muy pesado de soledad me aplasta, cada vez que entro en mi casa de nuevo. La vida era mucho más hermosa desde su llegada. Si bien los problemas familiares nunca desaparecieron, el tenerla a ella, siempre dispuesta a hacerme compañía, me ayudaba muchísimo. En estos últimos tiempos la idea de mudarme se me estuvo haciendo -y se me hace aun- muy pesada, muy necesaria. Pero no me terminaba de cerrar el dejarla a ella acá en casa, sola, esperando pacientemente a que alguien volviese para no sentir que en la casa no había nadie. Y ahora, realmente siento que nada me ata a estas paredes. Que nada me obliga a quedarme, o me llama a quedarme. Ella era mi cable a tierra y mi conexión con esta realidad... y ahora mi realidad es otra, y va a tener que ser otra. La extraño muchísimo. Todavía hago cosas como mover la silla despacio pensando en no aplastarle la cola, o acordarme de que tengo que prepararle los remedios, o ver en algún local algo que me hace pensar en ella (una galletita que le gusta, un juguetito...). Me va a costar desacostumbrarme a alguien tan especial. Pero me consuela el hecho de que sé que ahora está en algún lugar verde, hermoso, puro, corriéndose la cola y ladrándole al viento. Lo sé, porque lo siento así. Y de alguna manera, me tranquiliza.

2.10.11

Odd

Hace 2 días falleció mi perra.
Estaba enferma. En octubre del año pasado le descubrieron cáncer, del tipo maligno, en forma de tumor de mama. Luego de una cirugía en octubre, y varias sesiones de quimio durante el verano del 2011, parecía que se quedaba en remisión.
A los 3 meses, todo volvió a empezar. Suerte para ella, se pudo evitar una segunda cirugía manteniendola con más sesiones de quimioterapia.
Inyecciones, pastillas, sedantes, interminables visitas al veterinario.
Hace un mes, cuando creímos que por fin volvería a tener unos meses de paz, su corazón comenzó a funcionar mal.
Estaba agrandado. Tanta quimioterapia le hizo daño, y el pobre órgano estaba teniendo problemas para funcionar correctamente.
Fue hace un mes.
Toda su energía se escapó de ella.
Ya no podía dar más que una vuelta manzana al día, exigido por la doctora, cosa que no fue necesario ya que no llegaba ni a la esquina sin cansarse y acostarse en el piso.
Ya no se podía correr la cola.
A veces no se levantaba a comer ni tomar agua, y se la acercábamos a donde ella se recostaba.
De ser un animal sumamente enérgico, vivaz, histérico y juguetón... pasó a ser un tapete. Que, sin lugar a dudas, seguía aferrándose a la vida. Seguía moviendo la colita cuando alguno de los miembros de su familia volvía a casa luego de unas cuantas horas afuera. Seguía teniendo esa mirada intensa, única, pura llena de amor y de amistad.
El jueves, su corazón dijo basta.
El jueves, mi corazón se partió en dos pedazos, y uno se fue con ella.

Es difícil explicarle a alguien que no entiende este amor por un animal que no sea un humano, lo que se siente cuando ese ser amado ya no está. Lo vacío que se torna el alrededor. El hueco que deja dentro de uno. La sensación de que ya no pertenezco a esta casa, de que no hay nada que me ate a estas paredes, nada cálido que lo haga especial. La sensación de que ya no me queda nada.

Era mi mejor amiga. La única que, de poder elegir en otra vida la familia con la que debo vivir, la elegiría a ella sin dudarlo un instante.

Y la veo en todos lados. Y la recuerdo. Y sus últimos quejidos me retumban en la cabeza cuando me quiero ir a dormir.