que es levantarse temprano, ir a comprar la ropa para ese cumpleaños de 15 que tenés en dos semanas...
Probarte un par de cosas, quejarte de lo mal que te ves...
Casi casi que se te caiga una lágrima, porque sos lo más exagerada y dramática que hay, aunque siempre en silencio. Ni una palabra a la vendedora.
Antes de irte agradeciendo por lo que reservaste, avisando que volvés a la tarde o al otro día a pagar lo que quedó a cuenta, la vendedora te frena.
Te dice que te nota muy triste, que tendrías que sonreírle a la vida un poco más, que tenés los ojitos apagados todo el tiempo. Agarra un papel, anota el teléfono de un médico (Homeópata) y te dice: "Probá. A mí me salvó de una depresión muy grande. Y vos estás muy triste".
Que lindo, lindo momento...
