Realmente creo que tengo un problema.
Ya no tengo paciencia. Ya no tengo fuerza. Ya no distingo la luz del día. Ya no le encuentro sentido a algunas cosas. Ya no sé juzgar bien a las personas. Ya no escucho motivos, ni me interesa entender razones.
Cada gotita agranda el charco del desgano.
Y no tengo ganas de levantarme de la cama.
