Aún después de 51 años de lo sucedido, podés relatarmelo con los ojos llenos de lágrimas. Me dejas entrever el profundo amor que tenías por tu madre, a pesar de haberla visto "irse" cuando tenías mi edad. Cuando tenías 22 añitos.
No pude, como es de suponerse, conocer a la abuela.
Pero seguramente ha sido una gran mujer, para que una persona como vos sienta arrugas en el alma al recordarla. Arrugas por extrañar a un ser querido.
Ay viejo.
Tantos sentimientos y tan dispares me despertás adentro, desde el día que nos conocimos.
Pero lo que ya no es incierto, es lo mucho que te quiero. Ya aprendí a entenderte. Ya entendí que todo lo que decís, por más que duela, es la forma en que te sale decirme las cosas.
Entendí que tenés formas de darme cariño sin palabras y sin caricias.
Entendí muchas cosas. Sobretodo que detrás de esa máscara de hombre duro y estatuilla de hielo, se esconde un corazón blando, en alguna parte, sí.
A veces, como hoy, se te olvida taparlo, y lo demostrás un poco.
Y aunque yo siga sintiendome a veces muy chiquita y herida por ciertas palabras, sé que el tiempo -el poco tiempo- me recordará estas cosas que digo acá, ahora.
Thank you for the wings.-
