Una llega a preguntarse qué es lo que le gustaría tener al lado. Qué cosas compartir, qué cosas hacer. Pero esa fantasía completa y loca, incluye hasta esos deseos profundos que internamente sabemos que no son tan fáciles de cumplir. Que no son fáciles de plasmar en la vida real, fuera de la imaginación.
Si alguna vez alguien me hubiera dicho que iba a estar una noche completa abrazada a alguien, en un banco, frente al río, con el viento pegándonos en la cara y siendo ambos felices...jamás lo habría creído.
Estar horas abrazados abajo de un eucalipto, en una plaza, una noche templada de verano.
Pasar largos ratos tomando mate, en el pastito del parque, hablando desde cosas absurdas a cosas tan importantes.
Reirnos en los momentos más inoportunos.
Si alguien me hubiera dicho que eso existía, no le habría creído. Hubiera pensado que era una fantasía, como esas que tenemos cuando el bicho del amor empieza a picar a cierta edad.
Si alguien me hubiera dicho que vos existías, no lo habría creído.
Pero sí existís, y sos. Y yo aprendo a ser al lado tuyo. Y esta cosa melosa, cursi, pelotuda y feliz en que nos convertimos juntos es mi motivo diario de felicidad. Esta cosa en que nos seguimos convirtiendo, con el paso de los meses.
Sos mi motivo diario de felicidad. ¿O debería decir que la felicidad vino con vos?.
Quería creer que vos existías. Y ahora lo creo.
Eras vos nomás. Nadie más que vos.
