Un corazón que late a mil por hora.
Una sensación de estar flotando entre nubes, la mayor parte del tiempo.
Una sonrisa imborrable en el medio de la cara, que hasta hace que se me marquen esas líneas de expresión imposibles en la edad que tengo.
Una calidez que nunca había sentido.
Miles de sentimientos que me rondan por el corazón y que los siento como si fuera una nena de 2 años aprendiendo a caminar. Todo es nuevo, desde tu primer beso, desde la primera vez que me miraste a los ojos y en ellos entendí lo que querías decirme. Desde la primera vez que te agarré de la mano, desde el primer abrazo. Desde la primer risa donde dejaste entrever toda la sinceridad que tiene tu alma transparente.
Desde que te vi, y supe que eras lo que yo pensé que no existía.
Desde el primer momento, en que sentí esa sensación de dibujito animado donde muestran que a la protagonista se le estremece el pecho mientras algo le hace click adentro, estando cerca de la persona a la que en breves momentos va a aprender a amar.
No me alcanzan las palabras para decirte todo lo que siento. Todo lo que aprendí desde que estás conmigo en este camino que empezamos a caminar juntos. Todo lo bien que me hacés y la mucha falta que me hacías antes que aparecieras en mi vida.
No tenía idea que pudiera amar tanto a una persona.
No tenía idea que alguna vez pudiera pasarme a mi, de sentir todo esto, de ver las cosas tan drásticamente de otro color.
Mi vida dió, en medio año, un vuelco de 180 grados.
Y te agradezco desde lo más profundo de mi corazón, lo mucho que me amás. Y lo bien que me hacés, amor.
