Una de las tantas injusticias humanas, es el sufrimiento de los niños.
No hay cosa más cruel que el sufrimiento de un pequeño que recién está conociendo el mundo. Al que le pegan, del que abusan, el que nace con enfermedades que le impiden vivir como cualquier otro chiquito normal, al que obligan a trabajar antes que sepa lo que es jugar a la pelota o salir a correr un perrito.
Y no es culpa de la política, la economía o la medicina nada más. Ni es culpa de dios o quien quieran meter en el asunto, buscando el culpable cuando este está mucho más cerca.
En la antigüedad, la medicina no existía porque tampoco existían estas enfermedades. Las personas vivían con felicidad su vejez y disfrutaban su vida. Respetaban la naturaleza reconociéndola como fuente de vida, respetaban a sus pares (Me refiero a estas atrocidades de hoy día como violaciones, asesinatos sin motivo, robos, etc) y creían en la palabra familia, la palabra grupo, la palabra unión.
Llamense bestias, llamense bárbaros, o cualquiera de esos horrendos adjetivos que les han puesto a lo largo de los años; yo los llamaría Admirables.
Es increíble que cuanto más tiempo pasa, en lugar de mejorar la salud del mundo, empeora, aparecen más enfermedades, más problemas, más chiquitos que no pueden disfrutar la infancia ni nada. Más guerras y hambre, menos soluciones, menos todo.
Es injusto, muy injusto. Es terrible, real y sin sentido. Y me aterra pensar en cómo va a terminar esto. En cómo está siendo hoy día.
No hay más maldad que la que lleva el ser humano en sus genes. Generalizando, pero no dejando de ser una realidad.
Para todos aquellos que día a día siguen luchando, siguen aferrándose a una vida que aún no comenzaron a conocer. Para todos aquellos que en sus pequeños cuerpecitos, llevan una fuerza incalculable e increíble.
Para ese pequeño primito que hace un mes y días está buscando su lugar en el mundo.
Bauti, fuerza.
Un ángel materializado en pequeño.
