Cuando estoy muy caída en el pozo no logro salir tan fácilmente. Quizá porque no dejo que nadie me ayude, o porque cuando intento dejar ayudarme simplemente no es logrado. ¿O será que no lograba despejar el cielo?.
No es porque mis amigos no me den pelota...sino simplemente porque cuando estoy en ese estado en que siento que todo lo concerniente a mí es una porquería, no suelo escuchar las cosas que me dicen los demás. Sería sencillo, escucharlos, y poner un espejo...y tratar de decirme esas cosas yo, a mí, a ver si alguna vez escuchase. La que no da pelota, porque no me doy cuenta, soy yo.
Y solamente me sale seguir en ese estado, feo, deprimente, apagado.
Pocas veces unas palabras logran ayudarme. Cuando lo hacen, no sé cómo agradecer. Suena estúpido, pero me parece tan groso que alguien logre hacerme reaccionar. Que alguien logre darme ese cachetazo que necesito para abrir los ojos, y darme cuenta que las estupideces que pienso, que pensaba, ya no deberían existir más.
Esa pendeja que tanto machacaron, ya no existe más. No existe, ¡y no me daba cuenta!.
Voy a poner en práctica lo que predico muchas veces...que es dejar lo pasado en donde debe estar. En el pasado.
Gracias, amiga. Porque si no fuera por tus palabras, hoy no podría estar luciendo esta sonrisa en mi cara de nuevo. Hoy estaría, de nuevo, acuchillándome lentamente y arruinando los días que pasan con una cara tremenda.
Se invirtieron los papeles, como te dije el otro día. Por suerte, los papeles que jugamos ambas han servido en su debido momento. Ahora soy yo la que te agradece a vos el estar, el escucharme, el tomarte tu tiempo para hacerme entender todo. ¡Y tampoco perdiste la paciencia!. Jajaja, y eso es mucho decir cuando se trata de mí, soy un poco [poquito nomás] terca.
Te quiero mucho, Gri. Y hoy te debo la vuelta del brillo en mis ojos. =)
P/D: Muaaaaaaaa puta! [No podía faltar].
