3.10.11

Es muy difícil esto de despertarse y no verla alrededor. Siento como que un sentimiento muy pesado de soledad me aplasta, cada vez que entro en mi casa de nuevo. La vida era mucho más hermosa desde su llegada. Si bien los problemas familiares nunca desaparecieron, el tenerla a ella, siempre dispuesta a hacerme compañía, me ayudaba muchísimo. En estos últimos tiempos la idea de mudarme se me estuvo haciendo -y se me hace aun- muy pesada, muy necesaria. Pero no me terminaba de cerrar el dejarla a ella acá en casa, sola, esperando pacientemente a que alguien volviese para no sentir que en la casa no había nadie. Y ahora, realmente siento que nada me ata a estas paredes. Que nada me obliga a quedarme, o me llama a quedarme. Ella era mi cable a tierra y mi conexión con esta realidad... y ahora mi realidad es otra, y va a tener que ser otra. La extraño muchísimo. Todavía hago cosas como mover la silla despacio pensando en no aplastarle la cola, o acordarme de que tengo que prepararle los remedios, o ver en algún local algo que me hace pensar en ella (una galletita que le gusta, un juguetito...). Me va a costar desacostumbrarme a alguien tan especial. Pero me consuela el hecho de que sé que ahora está en algún lugar verde, hermoso, puro, corriéndose la cola y ladrándole al viento. Lo sé, porque lo siento así. Y de alguna manera, me tranquiliza.