Me crecieron dos alitas en la espalda.
Las vengo sintiendo hace varios meses. Eran pequeñitas y timidas al principio, no las sentía del todo porque las veía frágiles...como esas ilusiones que siempre tenemos el miedo a perderlas, por ser tan hermosas y tener ese sabor tan amargo al final.
Pero siguieron ahí y fueron creciendo. Tanto, que ya no las puedo ocultar.
Estas alitas que todos los días me hacen volar, por encima de todo y de todos.
Estas alitas que vos me regalaste. Que cada día les ponés una plumita nueva, con mucho esmero, con palabras que me llenan cada recoveco del alma. Recovecos que ni siquiera pensé llenar alguna vez.
Y las alitas ahora se agitan, felizmente. Sabiendo que alguien las cuida, y las alimenta. Como mi corazón...que nunca recibió tanto cariño.
